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viernes, 12 de agosto de 2011

Gracias a la JMJ encontró la fe

“Conozco jóvenes no cristianos que en una JMJ descubrieron qué es la fe vivida”

Opus Dei - Rina asistió a la JMJ de Colonia en 2005Comentas que la JMJ de Colonia fue decisiva en tu vida…
Me quedé impresionada. No era practicante entonces, pero tuve curiosidad sobre el nuevo Papa Benedicto XVI. Llegué a Colonia y… ver tanta gente de distintas razas y países, con distintos modos de vivir la fe... me hizo reflexionar acerca de qué es exactamente la fe y en qué creemos los católicos. Recuerdo que fui sola, como voluntaria, lo pasé muy bien y volví con una nueva apreciación de qué es la fe vivida.

¿Qué te animó a ir a Colonia?

La verdad es que me dejé llevar un poco por la muerte de Juan Pablo II y la elección del nuevo papa Benedicto XVI. Como no era especialmente practicante, tenía curiosidad sobre el nuevo papa y la institución de la Iglesia. Me preguntaba cómo es posible que un papa tan anciano y enfermo y –según algunos– retrógrado en sus ideas, muy lejos del ideal del mundo, atrajera a tanta gente joven a homenajearle en los días de su muerte. Y cómo es posible que la Iglesia que lloró tanto en aquellos días, se alegró de una manera tan visible cuando el nuevo papa fue elegido sólo unos días después. ¿Qué, o quien, hay detrás? Eso es lo que me animó a ir a Colonia.

¿Qué significa para ti un acto religioso de esta envergadura?

Para mí es un acontecimiento de gran alcance que puede mostrar a todo el mundo –creyentes o no– el aspecto de alegría y unidad de la cristiandad. Suelo oír los argumentos de que la Iglesia Católica es retrógrada, que solo cierto 'tipo' de gente cree... pero en actos como la JMJ, vemos que la Iglesia es diversa, que sus fieles proceden de partes muy distintas, que afirma la universalidad de la fe. Puedo mostrar quién soy y dar testimonio a los demás de esa riqueza.
Opus Dei - Es voluntaria de la JMJ y cursa un master en la Universidad de Navarra¿Recomendarías a todos los jóvenes asistir a un acto como éste?
Sin duda. Aquella JMJ me enriqueció, me ha ayudado a conocer mejor mi propia fe. Conozco algunos jóvenes no cristianos que han ido a una JMJ y les sirvió para descubrir qué es la fe vivida. Un evento mundial con dos millones de personas, donde se van a tratar tantos temas y va a haber un gran intercambio cultural, es una experiencia que no se pueden perder porque les va a enriquecer.

¿Qué valores se promueven en la JMJ?

La unidad en la misma fe, en buscar lo esencial –que es Cristo– a pesar de las diferencias que puede haber por los distintos matices, culturas, tradiciones e idiosincrasias. También la universalidad: es impresionante ver gente tan distinta con algo tan en común. Y por último, que la Iglesia está viva y la hacemos entre todos.

jueves, 4 de agosto de 2011

Una historia entre otras

En Madrid te esperan miles de familias que te abrirán de par en par las puertas de sus hogares! Hoy te presentamos a Victoria, una estudiante de 23 años, que acaba de terminar psicología y que junto con su familia, no dudaron en acoger a peregrinos durante la Jornada Mundial de la Juventud! Es una de las 'muchas pequeñas grandes historias JMJ'!


lunes, 1 de agosto de 2011

También para los no creyentes

Soledad Maldonado es una joven de 22 años, estudiante de Periodismo y Filosofía en la Universidad de Navarra. Y es voluntaria de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ). Hasta aquí todo normal, como muchos jóvenes. Lo sorprendente es que Soledad, o Sole, como ella misma firma la entrevista –que me envía por correo electrónico, porque está en Londres–, es agnóstica. Lo explica: “No me gusta llamarme atea, prefiero decir que soy agnóstica, porque no niego la existencia de Dios. No puedo afirmar ni negar absolutamente su existencia o no existencia”.

A pesar de esto, decidió enrolarse en el grupo de voluntarios de la JMJ –animada por un buen amigo– porque un evento así le permitiría adquirir experiencia profesional, “aprender mucho de comunicación”. “Y he aprendido, pero la enseñanza personal también ha sido enorme”.

Sorprenden sus respuestas: profundas, sinceras… Y aunque la letra escrita es más fría que una conversación, consigue romper la barrera y transmitir lo que siente. Ofrece reflexión y diálogo; se nota la inquietud y la búsqueda propia de una joven de esta edad.

No practica la indiferencia, algo, por desgracia, muy común hoy. “No sé cuál es la razón por la cual no soy capaz de afirmar la existencia de Dios. No sé si por falta de conocimientos o por no tener la capacidad de admitir un misterio tal y dar el salto de la fe. El caso es que si no siento la certeza de algo, su evidencia, no puedo asumirlo ni creerlo. Eso es lo que me pasa con Dios”, subraya.

Recuerda que, en un momento, sí estuvo vinculada a la Iglesia. Está bautizada, ha hecho la Primera Comunión e incluso asistió a la catequesis de Confirmación, que no terminó. “Tuve muchas dudas de fe y no logré resolverlas, tampoco la gente de mi alrededor consiguió resolverlas, y hoy muchas de esas dudas siguen presentes”.


“Fui anti-Iglesia”
Y después de todo, colabora con la JMJ, donde ve a los jóvenes “entusiasmados”. “Algo bueno tendrá que tener”. A los que no creen en Dios, se dicen ateos o incluso se muestran contrarios a la visita del Papa les entiende “muy bien”. “Antes prefería llamarme atea y negar cualquier posibilidad de Dios. Durante una época fui muy radical y anti-Iglesia. Seguro que me habría manifestado en contra de Benedicto XVI”.
Hoy, sin embargo, ve cosas que entonces no entendía y, por esto, ya no comparte ese rechazo. “Mi rechazo era por desconocimiento e incomprensión; veía la parte más negativa y mala de la Iglesia. Ahora conozco las cosas buenas que hace”, apunta.

Su actitud pasa por ver la labor “buena y necesaria” que hacen los creyentes. “Hay cosas de la Iglesia que no comparto, pero no podemos quedarnos con lo negativo”, dice.

Defiende el diálogo entre creyentes y no creyentes porque, como humanos, a todos “nos surgen las mismas preguntas, compartimos miedos, preocupaciones y alegrías”. “No es cuestión de creencias, sino de inquietudes. Existe algo que nos une, algo que nos lleva a buscar la verdad. Para los creyentes, esa verdad es Dios”.

Sin embargo, la experiencia es muchas veces de enfrentamiento, para el que Sole tiene un antídoto: ponerse en el lugar del otro. “El diálogo es posible si no se impone. Es posible y enriquecedor cuando se tratan de encontrar las inquietudes comunes, nexos de unión, aquello que califica a esa verdad que ambas personas buscan”. Se lo hizo ver un amigo sacerdote con estas palabras: “Algo tiene que haber en común para que tú y yo nos llevemos tan bien”, subraya.

Finalmente, su respuesta para valorar qué puede aportar la JMJ es inclusiva: “Todos (creamos o no) necesitamos lo mismo para afrontar un mundo ingrato y escaso de buenos valores: alegría y esperanza”. Espera, además, que aporte mucha ilusión “para hacer un mundo mejor”.